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NEO NOIR: RARA AVIS

El cine negro es atemporal. Un género asociado tanto al Hollywood clásico como al expresionismo alemán, caracterizado por sus solitarios y atormentados detectives. Aunque su base se mantiene intacta, el cine negro ha sabido amoldarse a los tiempos que corren, y así lo reflejan las diferentes películas que podemos ver desde el nacimiento de este cine. Existen múltiples películas que representan lo más puro y uniforme del género; pero con esta pieza mi intención es encontrar aquellas rara avis dentro del neo-noir que se han atrevido a echar diferentes ingredientes a esta receta de fedoras y gabardinas.


Texto: Armando Arrojo

 

Si tuviera que poner una chincheta sobre la pared de corcho de este cine para reflejar su punto de inflexión, lo haría indudablemente en los años sesenta. Es aquí cuando empezamos a ver variaciones temáticas y formales; y aunque lo más característico del género sigue estando ahí (detectives de pasados oscuros, existencialismo, psicología freudiana...), empezamos a ver un mayor énfasis en la violencia estilizada, en la explicitud del contenido sexual...El cine negro por primera vez empieza a transformarse en algo distinto.


Point Blank (1967) de John Boorman sería un gran ejemplo de film noir que sabe mantener su esencia de cine de crimen americano pero mezclándolo con recursos estilísticos asociados a la nouvelle vague, como la fracturación de líneas temporales comúnmente asociada al cine de Alain Resnais; mientras que directores como John Frankenheimer utilizarían las distopías y los tintes de ciencia ficción para edulcorar sus film noir, como ocurre en Seconds (1966) y que los más entendidos del género relacionarán con Alphaville (1965) de Godard.



Si entramos en terreno setentero, es imposible obviar The Long Goodbye (1973), de Robert Altman, que adapta la novela homónima de Raymond Chandler. Altman optó por refrescar la fórmula noir, mientras que otros cineastas como Roman Polanski decidieron rendir homenaje al cine negro clásico con su impecable aunque más tradicionalista Chinatown (1974). En The Long Goodbye, Elliot Gould encarna a Philip Marlowe de manera radicalmente diferente a lo que hicieron Bogart o un Mitchum (sus anteriores encarnaciones) construyendo a un personaje que cambia la sofisticación y perspicacia típica de un detective clásico por la dejadez y la mala suerte de un detective que parece más preocupado de alimentar a su gato que de resolver un asesinato. Este modelo de personaje serviría como inspiración a muchos futuros cineastas, como los hermanos Coen, para sus futuros noirs que dominaron su filmografía desde los años ochenta hasta la actualidad.


Los ochenta suponen una etapa interesantísima para el cine negro; ya que se dan numerosas películas que utilizan el noir como ingrediente de hibridación de género. Desde Blade Runner (1982) y su fantástica mezcla de noir y ciencia ficción hasta After Hours (1985) y su comedia negra con tintes detectivescos.


Conviene hacer un énfasis a la hora de hablar de neo-noir durante esta etapa, y recalcar la vital importancia de David Lynch en el género. Ya sea mediante Blue Velvet (1986) y sus influencias de thriller psychosexual, mayoritariamente influenciada por Experiment in Terror (1963) (otra joya oculta del neo-noir sesentero). O por consiguiente Lost Highway (1997) y su hibridación entre terror onírico y cine negro; sin olvidar por supuesto la galardonada Mulholland Drive (2001), joya del noir experimental que mezcla fantasía y pesadillas y lo yuxtapone radicalmente con los clichés y tópicos del cine negro clásico. Sin duda al hablar de Lynch hablamos del máximo exponente de modernización e hibridación del noir, posiblemente en la historia de este medio.



En la actualidad también podemos encontrar multitud de maneras de representar el cine negro. Paul Thomas Anderson se acercó a lo más clásico con Inherent Vice (2014), adaptando la novela del mismo nombre de Thomas Pynchon, mientras que Drive (2011) que posiblemente sea el caso más notorio y popular de los últimos 15 años, mezcla el noir con el cine arthouse.


Elementos propios del género como bien puede ser la figura de la femme fatale fueron reinventados en Perdida (2014) de David Fincher, que pone sobre el foco el papel que este tipo de mujeres han jugado en el cine negro. Pero en mi opinión, el ejemplo perfecto de neo-noir contemporáneo es indudablemente Under The Silver Lake (2018). Esta película que no solo se nutre del lenguaje del noir clásico sino que abiertamente lo homenajea y referencia; aunque gozando al mismo tiempo de un postmodernismo y un lenguaje propio de un cineasta actual. La premisa es simple, una mujer desaparece de la noche a la mañana y el protagonista deberá aventurarse por Los Angeles para encontrarla, pero la película se va por unos derroteros muy diferentes a lo que el espectador pueda esperar. Influencia tan lynchiana como hitchcockiana, sin lugar a dudas el neo-noir definitivo.



En cartelera tenéis ahora mismo Love Lies Bleeding (2024), thriller romántico queer y en VOD tenéis Marlowe (2022), película basada en el personaje ficticio anteriormente mencionado; así que no hay duda posible: el neo-noir sigue presente en la actualidad tanto en su forma más clásica como en su más puramente postmoderna; al fin y al cabo los clásicos nunca mueren.

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